Cada rostro y cada voz encierran una historia, un camino recorrido. Presentamos las historias de algunas de las mujeres que nos han acompañado en este proceso. Son mujeres diversas, de orígenes distintos y, al mismo tiempo, unidas por la valentía y por la fuerza de sus sueños, incluso de aquellos que no siempre tuvieron la oportunidad de soñar.

Nos han regalado su tiempo y nos han compartido sus alegrías y sus miedos, sus logros y también sus dificultades. Lo han hecho con una sonrisa, a veces con emoción, la misma que sentimos al escucharlas. Sus relatos, cercanos, sencillos y valientes, hablan de raíces y de futuro.

Gracias por vuestra generosidad y por vuestra fuerza. Gracias por producir nuestros alimentos y por conservar nuestro patrimonio y biodiversidad.

Cada rostro y cada voz encierran una historia, un camino recorrido. Presentamos las historias de algunas de las mujeres que nos han acompañado en este proceso. Son mujeres diversas, de orígenes distintos y, al mismo tiempo, unidas por la valentía y por la fuerza de sus sueños, incluso de aquellos que no siempre tuvieron la oportunidad de soñar.

Nos han regalado su tiempo y nos han compartido sus alegrías y sus miedos, sus logros y también sus dificultades. Lo han hecho con una sonrisa, a veces con emoción, la misma que sentimos al escucharlas. Sus relatos, cercanos, sencillos y valientes, hablan de raíces y de futuro.

Gracias por vuestra generosidad y por vuestra fuerza. Gracias por producir nuestros alimentos y por conservar nuestro patrimonio y biodiversidad.

Se llama Violeta pero le gusta que la llamen Viole. De pequeña quería ser maestra, pero a los 18 años empezó a pastorear ovejas y no ha dejado de hacerlo en casi 4 décadas. En la actualidad co-gestiona con su marido un proyecto de crianza de ovejas en extensivo. Es una de las pocas mujeres que se han acogido a los beneficios de la Ley de Titularidad Compartida. Viole es expresiva y se comunica de una forma muy clara. Durante nuestra conversación transmite fuerza, honestidad y verdad. Ama la montaña, a sus animales y su forma de vida y se reivindica como pastora.

Channel nació en Camerún y desde hace años reside en España. Su trayectoria personal y laboral está marcada por la resiliencia. Durante mucho tiempo trabajó en el campo, donde tuvo que enfrentarse a condiciones duras e injustas. Sin embargo, lejos de resignarse, decidió alzar la voz y logró que su valentía mejorara la realidad laboral de todas sus compañeras. Habla con convicción de la importancia de la solidaridad entre mujeres migrantes, de la necesidad de cuidarse y protegerse mutuamente frente a la hostilidad. Descubrimos a una trabajadora orgullosa, que nos enseña que la dignidad es un derecho que se defiende con la palabra.

María José lleva con orgullo el nombre de su abuela María, de quien heredó un espíritu feminista y trabajador. Hija y nieta de mariscadoras, ha desafiado un sector tradicionalmente masculino y defendido el arraigo a la profesión y al territorio porque, como afirma, “no es lo mismo ser mariscadora que ir a mariscar”. Reivindica el papel de las mujeres en el mar y denuncia las desigualdades que ha sufrido. Es una de las pocas que ha llegado a ser Patrona Mayor en su Cofradía y conoce el sacrificio de conciliar casa, crianza, trabajo y vida pública. Hoy se siente orgullosa de su trayectoria, aunque mira con inquietud hacia un futuro incierto.

Elsa cruzó el océano desde su Ecuador natal en busca de un futuro mejor para su familia. Siendo viuda, tuvo que dejar a sus seis hijos e hijas al cuidado de su madre durante los primeros años. A su llegada afrontó todo tipo de trabajos precarios y un duro maltrato social, pero el amor por el campo que le inculcaron sus abuelos y la intuición de un vecino que le vendió sus cabras al ver en ella un potencial que nadie más había advertido cambiaron su vida. Con esfuerzo y determinación hoy Elsa es autónoma, vive de su rebaño al que cuida con cariño y ha sacado adelante a su familia, sin perder la sonrisa.

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A lo largo de las décadas, miles de mujeres marroquíes viajan a Huelva impulsadas por un mismo sueño: ayudar a sus familias a salir adelante en un contexto de pobreza. Esta es la historia de dos mujeres que, con 30 años de diferencia, recorrieron el mismo camino. Fátima afrontó dificultades y discriminación a su llegada, pero nunca imaginó que, tres décadas después, la situación sería aún peor para las que vendrían detrás. Logró un trabajo estable, formó una familia en Huelva y hoy preside AMIA, una asociación que apoya a mujeres inmigrantes. Khadija, mucho más joven, llegó hace unos años y se encontró con una realidad de explotación, precariedad y maltrato más dura todavía. Se conocieron cuando Khadija buscó ayuda y Fátima le tendió la mano. Hoy siguen luchando juntas por ellas, por sus familias y por todas las mujeres que, como ellas, merecen un futuro distinto.

Inma creció en el campo de Almería. Desde niña quiso estudiar, pero la situación familiar no se lo permitió. Vivió en un cortijo, alejada de la ciudad, y cuando tuvo que elegir entre ayudar en las tareas del hogar y la crianza de sus hermanos pequeños o trabajar en el campo, lo tuvo claro: prefería el aire libre y el contacto con la tierra. Con esfuerzo, transformó un pedazo de tierra seca en un próspero negocio de tomates ecológicos. Hoy es autónoma, empresaria consolidada y presidenta de la Confederación de Asociaciones de Mujeres del Medio Rural, tanto a nivel andaluz como estatal. Un referente de compromiso y liderazgo.

Teté nos recibe detrás del mostrador de su tienda de artículos de regalo. Nos explica que ha tenido que buscar nuevas formas de ganarse la vida, porque con la pesca y las redes no siempre llega. En más de cincuenta años ha pasado por todo tipo de oficios y, aun así, no se jubila. No puede hacerlo porque es la única que conserva el saber de reparar redes de cerco. Su trabajo es minucioso y artesanal, exige paciencia, conocimientos y una enorme destreza. Resulta imprescindible para que la actividad pesquera siga funcionando y, sin embargo, ni se valora ni se remunera. Por eso lleva años intentando encontrar un relevo generacional que, de momento, no llega.

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